NO QUIERO CONVERTIRME EN
LO QUE NO SOY


Me he convertido en un referente en el mundo del beachwear en México y esta es la misma razón por la cual me han cerrado mil puertas…


Ser una marca de beachwear en México ha sido, para mí, un escaparate y un corte.
No todo ha sido ligero, ni siquiera en Primavera–Verano.
Por un lado, me ha colocado en un lugar que pocas marcas mexicanas ocupan. He sido reconocida por llevar el traje de baño hacia un territorio de diseño y propuesta: cortes que dialogan con el cuerpo, materiales sustentables y pensados para durar, siluetas que no se limitan a la playa. Me han puesto en pasarelas al lado de diseñadores consagrados y me han descrito como una marca con voz propia—una voz que, por su particularidad, destaca.
Pero ese mismo rasgo ha cerrado otras puertas.
No soy alta costura en el sentido clásico; no trabajo con volumen extremo, pedrería de alfombra roja ni estructuras que piden fotogénicos efectos en cámara. Mis piezas no hacen el «boom» inmediato que algunos programas o semanas de la moda esperan. Mis desfiles no pueden —ni deben— competir en mega show con trajes que necesitan metros de tela para justificar la escena. Trabajo con licras, con fibras recicladas, con cortes que abrazan y mueven; y eso, curiosamente, es límite y privilegio.
Me he topado con un «no» reiterado por una razón simple y pragmática: temporada. Cuando la agenda de otoño-invierno marca su pulso, un traje de baño parece fuera de contexto. Las plataformas tradicionales se organizan por cajas comerciales ya armadas y no siempre están dispuestas a abrir un hueco para lo que no cae en su calendario inclusive para Primavera Verano o Crucero. Es frustrante, duele y a ratos hace aparecer al síndrome del impostor: ¿será que no soy suficiente?
Pero también he aprendido a leer esos «no» con otros ojos.
He descubierto que muchas veces las puertas no se cierran por una sola cualidad del producto. Se cierran por redes, por logística, por presupuestos y por los ecosistemas de negocio que sostienen a las semanas de la moda. Hay privilegios que no se compran con talento: conexiones, apoyo institucional, ciertas dinámicas de mercado. Eso no invalida el trabajo; lo coloca en una ruta distinta: la de construir una reputación a base de constancia, viajes, exposición internacional y, sobre todo, coherencia.
La llegada de Miami Swim Week como la primera vez que fui aceptada y no pude presentarme por falta de capital: Un año después que regresé como autora de mi propio cierre de pasarela y me derrumbé de emoción— me enseñó algo esencial: mi trabajo no era una rareza sin valor. Al contrario: estaba hablando un idioma que alguien, en algún lugar, sí entendía. Me reconocieron productores, prensa internacional como FORBES, NYPOST, ESPN y colegas. Me vi reflejada fuera de la burbuja local y eso legitimó lo que, muchas veces, aquí no se aplaude. Al menos hasta ese momento.
Otro punto de tensión ha sido el lugar que ocupan la visibilidad y la venta. ¿Debe un desfile ser solo espectáculo o también la antesala de un producto listo para el público? He aprendido a separar el vestido-objeto de pasarela de la pieza comercial: una cosa puede impresionar por su riesgo y otra puede sostener una economía. Hay colecciones que hago para narrar y colecciones que hago para vender, y ambas son válidas.
La sustentabilidad fue y sigue siendo una decisión fundacional. Llegué temprano a ciertas tecnologías y materiales—PET reciclado, redes de pesca, fibras de origen responsable—cuando parecían un lujo incomprendido. Hoy esa decisión me posiciona otra vez como referente: no por moda, sino por coherencia. No fue tendencia: fue necesidad, aprendizaje y responsabilidad.
No quiero renunciar a lo que me apasiona —la ligereza del cuerpo, la experimentación con lycras, la relación íntima entre prenda y piel— solo por aspirar a un escaparate mayor. Pero sí estoy abierta a expandir mi vocabulario: estamos integrando Activewear, explotando piezas tipo "resort" que funcionan en ciudad y playa, explorando cortes que puedan vivir en diferentes contextos. No me veo haciendo alta costura tradicional ni streetwear masivo; mi horizonte es otro: piezas que resistan, que sean versátiles y que digan algo de quién las porta.
La estrategia para derribar mitos es tanto creativa como práctica. En los shows he aprendido a contar universos —no solo presentar bikinis—, a estilizar, a proponer accesorios que transforman la lectura de una pieza. En las colecciones, trabajo con bloques que demuestran la versatilidad: un body que es top, un traje de baño que funciona como blusa, un sport-top que vive en el gimnasio y en la noche.
También he descubierto que quizá mi mejor estrategia sea seguir saliendo de mi entorno: llevar la marca a plataformas donde el beachwear sea el eje. Miami Swim Week —la gran vitrina global del swimwear—no me comparó con vestidos de gala; me ubicó frente a marcas que ya entienden mi lenguaje. Ahí, la recepción fue distinta: el asombro fue por mi propuesta, no por mi formato.
¿Y emocionalmente? Sí, duele. Sí, a veces me siento fuera de lugar, en pasillos, junto a marcas que parecen venir de otra atmósfera. Pero cada "no" ha sido un empujón a afinar el discurso, a consolidar la visión. He llorado de frustración, pero también he celebrado cuando una clienta me cuenta que usó mi pieza en un entorno emocionante, en un concierto o en una sesión de surf—porque eso demuestra que mis diseños pueden viajar fuera del cajón de verano.
Al final, ser una marca de beachwear en México me ha hecho vulnerable y, paradójicamente, más visible. Me ha forzado a ser rigurosa con la técnica, honesta con los procesos y radical con la identidad. Me ha enseñado que crear no es solo imponer formas, sino también aprender a negociar espacios.
No quiero que Liech Antel México sea leída solo como una etiqueta de temporada. Mi objetivo es transformar percepciones: que las personas dejen de pensar en "traje de baño" como una prenda encerrada en un calendario, y empiecen a verla como una posibilidad cotidiana. Ese es el desafío que amo hoy: mantener la integridad mientras sigo ampliando el mapa.
Y si algo aprendí en Miami Swim Week, en Intermoda, en México Fashion Show Colombia y en todas las pasarelas que me han recibido o rechazado: la coherencia termina por abrir puertas que los shows no logran abrir. Así que seguiré haciendo lo que hago, pero con más argumentos, más red y más estrategia.
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