Just Liech - La Columna

Nada Permanece 

NADA PERMANECE

“Como el mar me ha reconectado en esta travesía. “ Soulmate: desde mi recámara, mi cabina,  en Cartagena Colombia en una marina. Haciendo reparaciones del barco. 

Hay algo que no se dice mucho de navegar y es que no se trata solo de moverte o descubrir lugares. La mayor parte del tiempo es mantenimiento. Conseguir agua, gasolina, revisar qué se rompió, qué hay que ajustar, qué dejó de funcionar. Es sostener. Y mientras estaba en eso pensaba que no es tan distinto a construir una marca. No se trata solo de lanzar, se trata de mantener en pie lo que ya existe.

Regresé al mar después de años y haber construido una base sólida en tierra con Liech Antel México. Un equipo, producción, puntos de venta, una estructura que ya no depende únicamente de una idea, sino de decisiones constantes. Pensé que regresar iba a ser algo natural, pero no lo fue. Las primeras semanas fueron duras. Mi cuerpo no estaba listo. Mareo, cansancio, incomodidad. El mar tiene una forma muy clara de recordarte que no todo gira alrededor de ti.

Antes de irme ya venía cargando muchas cosas. Mi cuerpo lo estaba diciendo y yo no lo estaba escuchando. Y mentalmente también había desgaste. Diseñar empezó a sentirse como una obligación. Había días donde lo que antes era impulso se sentía como presión. Ahí fue donde entendí algo incómodo: mi sueño se estaba empezando a convertir en una  pesadilla.

Se habla mucho de trabajar en lo que amas, pero poco de lo que implica sostenerlo en el tiempo. Porque cuando eso que amas se convierte en estructura, en responsabilidad, en un sistema que depende de ti, deja de ser solo inspiración. Se vuelve disciplina. Y la disciplina, si no se cuida, puede desgastarte.

El mar no vino a desconectar en un sentido superficial. Vino a obligarme a soltar. Aquí no hay rutina posible. No puedes decidir completamente tu día. Dependen del clima, de la señal, del movimiento,de cómo te sientes físicamente por lo que aquí llamamos el “mal del mar”. Hay momentos en los que simplemente no puedes hacer lo que harías en tierra. Y en esa falta de control es donde algo cambia.

En tierra, incluso cuando descanso, mi mente sigue activa. Siempre hay algo pendiente. Aquí no. Aquí hay momentos donde lo único importante es estar presente. Y en ese espacio empiezas a escucharte de otra forma.

El mar te ubica. Te hace cuestionar la cantidad de cosas que crees necesarias. Puedes pasar días con lo básico, sin consumir, sin gastar, sin esa presión constante de producir para sostener un estilo de vida. Y eso lo cambia todo. 

También cambia el cuerpo. Antes de venir estaba en un punto donde necesitaba parar y no lo estaba haciendo. Aquí, sin planearlo, paré. Mi cuerpo se estabilizó. Mi mente también. No fue inmediato, pero después de las primeras semanas, algo se ordenó.

Y cuando eso pasa, empiezas a ver distinto. A valorar distinto. A entender que no todo lo que te exige la tierra es realmente indispensable. Y que tampoco todo lo que te da el mar es suficiente por sí solo.

Ahí fue donde entendí que no se trata de elegir. No se trata de vivir completamente en un extremo o en otro. Se trata de encontrar un equilibrio que te permita sostener lo que construyes sin perderte en el proceso.

Hace años quería navegar de forma permanente. Hoy sé que no. Tampoco quiero vivir únicamente para la marca. Porque...

cuando todo es trabajo, se pierde el sentido. Y cuando todo es desconexión, se pierde la dirección.

Este proceso también me enseñó a confiar. Me fui dejando una estructura que sigue creciendo, con un equipo que ha sabido responder. Y eso cambia la forma en la que entiendes tu lugar dentro de lo que construyes.

Hoy estoy por cumplir tres meses navegando y tengo algo que hace tiempo no sentía: ganas de regresar. De volver a diseñar, de volver a producir, de volver a construir, pero desde un lugar distinto. Más claro. Más consciente.

La tierra me ha dado estructura, relaciones, un equipo, una base. El mar me ha dado perspectiva. Me ha permitido verme sin todo lo demás encima.

Cierro esta temporada entendiendo que crecer no es hacer más, es aprender a sostenerte mejor.

En un par de semanas regreso a tierra, a mi otro yo. Cada vez que vuelvo, nada es exactamente igual. He aprendido cosas nuevas, pero sobre todo, regreso distinta. Regreso, con otra claridad, a retomar lo que en tierra me espera. 

Con cariño desde el mar, Liech Antel